La captura del expresidente Nicolás Maduro ha desencadenado una ola de incertidumbre en toda América Latina, particularmente en Cuba, que ha sido su principal aliado en la región. Tras el asalto a Caracas el 3 de enero, el presidente Donald Trump declaró que «Cuba está lista para caer», sugiriendo que la caída del régimen cubano es inminente si se corta el suministro de petróleo venezolano. Este mensaje no solo refleja la postura estadounidense hacia la isla, sino que también evidencia la vulnerabilidad económica a la que se enfrenta Cuba, ya que su economía depende en gran medida de los recursos energéticos que provienen de Venezuela. Trump se ha comprometido a interrumpir el flujo de petróleo hacia Cuba, advirtiendo sobre las consecuencias que esto tendría para el régimen cubano. La posibilidad de un colapso en Cuba se intensifica en un contexto donde la economía ya está severamente debilitada.
A medida que aumentan las tensiones políticas y económicas, la situación en Cuba se vuelve crítica. El presidente Miguel Díaz-Canel ha admitido que el país está en medio de una crisis profunda, señalando una acumulación de problemas que se han intensificado por un cerco económico externo. La economía cubana ha estado en recesión, con un Producto Interno Bruto que se contrajo más del 4% hasta el tercer trimestre de 2025. La falta de alimentos, el racionamiento intenso y los constantes apagones han llevado a una realidad en la que el 89% de las familias vive en condiciones de pobreza extrema. Esta crisis socioeconómica se encuentra en su punto más bajo, mientras la presión internacional y la falta de apoyo interno continúan agravando la situación.
La relación entre Cuba y Venezuela ha cambiado drásticamente en los últimos años, limitándose a un intercambio de servicios por petróleo. Cuba ofrece médicos, educadores y militares a Venezuela, mientras depende del crudo venezolano para subsistir. Sin embargo, el suministro ha disminuido considerablemente debido a las presiones de Estados Unidos, que ha intensificado la vigilancia sobre el petróleo destinado a la isla. La reducción del flujo de petróleo de Venezuela ha llevado a una crisis energética en Cuba, que actualmente depende de sólo 30,000 barriles diarios, lo que representa menos de la mitad de sus necesidades. La posibilidad de que se interrumpa este suministro es un escenario que muchos ven como un desastre inminente para Cuba.
Por otro lado, la nación caribeña también ha comenzado a recibir petróleo de México, aunque las circunstancias de estos envíos permanecen borrosas y cuestionables. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha explicado que los envíos se realizaban bajo contratos y como ayuda humanitaria, pero la naturaleza de este acuerdo se ha vuelto un tema de discusión entre los analistas. La falta de claridad sobre cómo Cuba financia la compra de petróleo mexicano es inquietante, especialmente mientras el país enfrenta grandes deudas y una economía paralizada. Si el suministro de petróleo venezolano se corta, la situación eléctrica, así como la producción, se verían gravemente afectadas, lo que podría llevar a un colapso total del sistema.
Frente a este futuro incierto, el pronóstico para Cuba en 2026 es sombrío. A pesar de los intentos del gobierno de proyectar un optimismo infundado, la percepción en el pueblo cubano es de resignación y pesimismo. Con los jóvenes calificados huyendo del país y un éxodo masivo de millones en busca de mejores oportunidades, la posibilidad de que Cuba se recupere en el corto plazo parece lejana. Las advertencias de que la economía cubana podría colapsar ante la disminución del petróleo son realidades que preocupan a expertos como Ricardo Torres, quien señala que el país no puede soportar más recortes en su suministro de energía. Sin una salida clara a la crisis, las consecuencias políticas y humanitarias de un colapso se mantienen como un gran signo de interrogación.



















